lunes, 4 de mayo de 2009

A los diez años la vida es un cuento predecible, los malos son feos, infelices y terminan mal; los buenos son lindos, felices y comen perdices. También es un juego donde los hijos son muñecos o peluches, una juega a la mamá, al ama de casa. Que distinto cuando vemos que la vida no se ajusta a ese juego infantil. No, la vida es otra cosa, la diferencia entre malos y buenos es más sutil que una cara bonita y un final feliz. La verdadera lucha entre el bien y el mal ocurre cada día en nuestro interior. Uno crece y el juego se vuelve más serio.
Mi chiquita, es lo único puro que me queda. Mi vida es mi chiquita. Yo traicione a esa chiquita que fui, ya no queda de ella ni su inocencia, ni su valentía, sus sueños, ni la esperanza. Yo ya no puedo volver a esa chiquita que fui… no me queda otra que ser esto que soy.

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